Siempre, en cada película, en cada serie, e incluso en las novelas que veía mi mamá,  admiraba que la mayoría de  los jóvenes (en esos tiempos yo tenía como 10-14 años) tenían en sus piezas una repisa en donde colgaban medallas doradas y plateadas, listones azules (normalmente los listones de color azul indican primeros lugares), y trofeos.

Yo pensaba: ¿Cómo es que ellos tienen tantas medallas? ¿Será que son tan buenos? ¿Cómo es que siempre hay un hijo ganador y yo no tengo ni siquiera un diploma? Otra cosa que me preguntaba era… ¿Cómo diablos tienen tantas cosas y ni siquiera se les ve haciendo deporte? (xdd)

Al final, cuando ya estaba más grandecito me di cuenta que un trofeo o una medalla o un listón te lo puedes ganar no solo haciendo deporte. Puede ser por un concurso de ajedrez, por un concurso de dibujo, un proyecto de ciencia… no eso solo es en Estados Unidos xd, incluso ahora puedes ganarte una de estas insignias en  un concurso de baile, Cosplay, Juegos de video, etc. Sin embargo, para mí, las de deporte siempre fueron las verdaderas.

Ahora, (bueno, no ahora, pero en sentido general) en la universidad, ingresé al equipo de hockey sobre pasto. Duré alrededor de un año en el equipo, pero lo que más me llamó la atención fue que, a los 4 meses que llevaba en el equipo ganamos nuestro primer campeonato regional. Al fin obtuve una de las preciadas medallas que tantos años añoré.

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Primer lugar en campeonato Univerciudad, nivel regiónal.

Sin embargo, ni siquiera jugué tanto en ese partido. Ahí entendí que las medallas no solamente se las dan a los mejores (no es por nada pero si era bastante bueno). Las medallas se las dan a todos los miembros del equipo, incluso a aquellos que no juegan.

Luego, llegamos al campeonato nacional, sacamos el tercer lugar y, nuevamente, recibimos medallas. En esta ocasión no era la típica medalla dorada, sino que una más opaca, de bronce.

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Tercer lugar en campeonato nacional de Hockey Césped.

Con el tiempo… (cambio drástico de tema) se abrieron los cupos para una conferencia TEDx, conferencias a las que siempre había querido ir. Cuando me aceptaron la inscripción me dieron una especie de credencial, en donde decía mi nombre e indicaba el nombre del evento. Sin embargo había querido asistir tanto a una de estas charlas que fue casi un sueño, más poderoso que las medallas deportivas.

Cuando la charla terminó, llegué a mi casa y colgué la credencial en la pared. Era mi orgullo. Ahí me di cuenta, cuando la vi al lado de las medallas, que a mi parecer, estaba más orgulloso de haber asistido a esa charla que haber ganado las medallas. Yo creo que fue porque significó más lo que recibí de esa experiencia. Más que simplemente me dieran un reconocimiento.

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Tercera edición de TEDx UFRO, Temuco.

Aquí es donde me di cuenta que no solo tenía esas dos medallas de metal, sino que también tenía medallas de cartón, de plástico y de piedra. Estas medallas tienen un valor sentimental mucho más especial. Son medallas que las gané con más esfuerzo, con un motivo más allá de simplemente anotar un gol o evitar que lo anoten. Medallas que para mí significan más, me traen más recuerdos, me han llevado a lugares y me han brindado experiencias únicas y enriquecedoras.

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Piocha con mi nombre, del lugar donde trabajé junto a un péndulo tallado piedra “de la tribu Mohegan”.

Querido lector: ¿Qué hay de ti? ¿Qué medallas tienes tú? ¿Tienes alguna experiencia similar?

Gracias por leer.